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PRIMARIA
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¿CÓMO PROMOVER BUENOS HÁBITOS?

Los niños son, literalmente, lo que queremos que sean, por lo que debemos crear hábitos desde el principio de su existencia. Debemos instaurarlos progresivamente y no esperar a que sea demasiado tarde o que lo hagamos en fases que no se correlacionan con su desarrollo personal.

- Ser consecuente con la edad del niño. A cada edad debemos inculcar un hábito proporcional. Al tiempo que establecemos los hábitos, también debemos poner normas y límites. Éstos no deben ser impuestos, sino consensuados o, al menos, explicados, con el objetivo de generar un vínculo de confianza que facilite las relaciones, y de crear un espacio para construir juntos una serie de rutinas. Mediante las normas podremos establecer hábitos.

- Evitar las distracciones. Debemos centrarnos en el hábito que queremos instaurar. Las distracciones son especialmente nocivas para desarrollar hábitos. Por ejemplo, en el caso de los estudios, cualquier elemento que le haga perder la concentración evitará que el hábito quede fijado.
Algunos hábitos higiénicos, como el momento de ir al baño, adquieren especial importancia en los niños más pequeños.
Debemos evitar que lo hagan con juguetes en la mano o con revistas para distraerse mientras se encuentran en el inodoro. Algunos arrastran ese mal hábito el resto de su vida.

- Repetir la conducta que queremos que se convierta en hábito. Con la práctica, la tarea cada vez resulta más fácil de realizar.
Aquellos hábitos que estén especialmente relacionados con una hora del día determinada pueden apoyarse, para su cumplimiento, en el reloj.

- Premiar el esfuerzo realizado. Es un factor especialmente iportante en los primeros momentos de instauración del hábito. Por ejemplo, el niño puede irse a jugar sólo después de haber ordenado y guardado sus enseres escolares y haber preparado su mochila para el día siguiente. Sin embargo, es importante no asociar el hábito con premios materiales o castigos. Es más importante generar una motivación determinada que conseguir un regalo o evitar algo negativo. Una dosis de reconocimiento de la labor efectuada puede mostrarse mediante el afecto: darle un beso, abrazo o caricia. Por supuesto, una clara felicitación debe formar parte de cualquier refuerzo de un hábito determinado: "¡Hoy lo has hecho fenomenal, sigue así!".

- Practicar con el ejemplo. ¿Cómo vamos a promover, por ejemplo, la puntualidad, si nuestros hijos observan lo contrario? Es posible que no nos demos cuenta, pero nuestros hijos son imitadores de todas nuestras conductas. Más aún, también perciben nuestra sinceridad en la manera en la que realizamos estos hábitos. Si para inculcar una determinada conducta necesitamos fingir, quizá lo mejor sea desistir de nuestro intento. Por este motivo, los adultos tenemos que ser coherentes y respetar también las reglas.
A este respecto, la idiosincrasia familiar y su actitud ante fomentar valores nos servirá para alimentar ciertos hábitos. Por ejemplo, si en nuestra familia se presta especial importancia a la buena imagen frente al entorno, será mucho más sencillo inculcar hábitos respecto a la higiene o a los buenos modales. Debe existir, en definitiva, una coherencia entre actitudes, valores y hábitos que deseemos promover.

- Seguridad y claridad. Son dos valores que deben impregnar lo que deseamos transmitir. Los padres debemos estar de acuerdo en lo que le decimos a nuestro hijo, utilizando una voz segura y una mirada firme. No puede ser que intentemos fomentar, por ejemplo, el orden y que, sin embargo, dejemos pasar con frecuencia que la habitación no se encuentre en buen estado. A este respecto no podemos dejar de mencionar que la aplicación de límites otorga al niño una intensa sensación de seguridad, ya que sabrá perfectamente en qué terrenos moverse.

- Tiempo para descansar. Muchas veces nos olvidamos del necesario descanso. Aparentemente es la antítesis de lo que queremos instaurar, pero comprenderemos que, si el niño está cansado, difícilmente podremos fijar en su mente una conducta determinada.

- Ser pacientes. Por último, tenemos que ser conscientes de que debemos armarnos de paciencia, ya que la adquisición de un hábito es un proceso lento. Sus resultados no se verán de inmediato, sino a largo plazo, pero sus beneficios durarán toda la vida.

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